El Tractatus Logico-Philosophicus fue el primer libro escrito por Wittgenstein y el único que él vio publicado en vida.
El Tractatus es un texto complejo que se presta a diversas lecturas. En una primera lectura, se presenta como un libro que pretende explicar el funcionamiento de la lógica, tratando de mostrar al mismo tiempo que la lógica es el andamiaje o la estructura sobre la cual se levanta nuestro lenguaje descriptivo (nuestra ciencia) y nuestro mundo (que es aquello que nuestro lenguaje o nuestra ciencia describe). La tesis fundamental del Tractatus es esta estrecha vinculación estructural (o formal) entre lenguaje y mundo, hasta tal punto que:
“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.
En efecto, aquello que comparten el mundo, el lenguaje y el pensamiento es la forma lógica, gracias a la cual podemos hacer figuras del mundo para describirlo.
El mundo, es la totalidad de los hechos. Los hechos son “estados de cosas”, o sea, objetos en cierta relación. Por ejemplo, un hecho es que el libro está sobre la mesa, lo cual se revela como una relación entre “el libro” (que podemos llamar objeto “a”) y “la mesa” (que podemos llamar objeto “b”). Según Wittgenstein, los hechos poseen una estructura lógica que permite la construcción de proposiciones que representen o figuren ese estado de cosas. “El libro está sobre la mesa”, trascrito a lenguaje lógico, se expresa: “aRb”. Al igual que un hecho es una relación entre objetos, una proposición será una concatenación de nombres (los cuales, obviamente, tendrán como referencia los objetos). Para Wittgenstein el lenguaje descriptivo funciona igual que una maqueta, en la cual representamos los hechos colocando piezas que hacen las veces de los objetos representados.
De esta idea tan fundamental extrae Wittgenstein toda su teoría de la figuración (o de la significación) y de la verdad. Una proposición será significativa, o tendrá sentido, en la medida en que represente un estado de cosas lógicamente posible. Otra cosa distinta es que la proposición sea verdadera o falsa. Una proposición con sentido figura un estado de cosas posible. Para que la proposición sea verdadera, el hecho que describe debe darse efectivamente (debe ser el caso). Si el hecho descrito no se da, entonces la proposición es falsa. Pero en este caso, sea falsa o sea verdadera, la proposición tiene sentido, porque describe un estado de cosas posible. “El mundo es todo lo que sea el caso”; la realidad será la totalidad de los hechos posibles, los que se dan y los que no se dan.
Otra tesis fundamental del Tractatus es la identidad entre el lenguaje significativo y el pensamiento, dando a entender que nuestros pensamientos (las representaciones mentales que hacemos de la realidad) se rigen igualmente por la lógica de las proposiciones, pues: “La figura lógica de los hechos es el pensamiento” o “El pensamiento es la proposición con sentido”. De este modo, si algo es pensable, ha de ser también posible, es decir, ha de poder recogerse en una proposición con sentido. El pensamiento es una representación de la realidad. La realidad es aquello que se puede describir con el lenguaje. En este sentido, se aprecia que la realidad en el Tractatus es una imagen que resulta de un lenguaje descriptivo y no una realidad en sí.
Por eso los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.